Centro de Profesores  y Recursos de Ceuta
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LA METODOLOGÍA COMUNICATIVA EN LENGUA EXTRANJERA COMO HERRAMIENTA PARA EL DESARROLLO DE LAS CC.BB.

A lo largo del primer trimestre de este año, organizado por el C.P.R. de Ceuta, la profesora Dª Gloria Daveiro y yo mismo hemos participado como ponentes en el curso “Iniciación al Inglés Comunicativo para Docentes”. Con una duración de 40 horas, de las cuales 30 eran presenciales, tenía como objetivo principal dotar al profesorado no especialista, con un nivel inicial o falso principiante, de una competencia lingüística en lengua inglesa a nivel básico para poder desenvolverse en situaciones cotidianas.
La realización de dicho curso está plenamente justificada, dado que ha contribuido a la adquisición de la competencia en comunicación lingüística en una lengua extranjera, lo que facilita al profesorado asistente adaptarse a los cambios que se producen en una sociedad globalizada y tan cambiante como es la Sociedad de la Información y, al mismo tiempo, mejorar su práctica docente y su desarrollo personal.
El inglés es hoy en día un instrumento de comunicación global a todos lo niveles, por lo que los cursos de formación en dicha materia deben, en buena lógica, extenderse también al profesorado no especialista. Por tanto, su aprendizaje o perfeccionamiento no sólo es aconsejable sino muy recomendable, ya que, además de todo lo anterior, aprender a usar una lengua extranjera favorece no sólo el desarrollo de la competencia en comunicación lingüística sino también el desarrollo de otras Competencias Básicas mediante la utilización de metodologías comunicativas, centradas en el alumnado, la promoción del aprendizaje autónomo y a lo largo de la vida y el uso de las TIC.
A nuestro modo de ver, la metodología comunicativa es la más adecuada para el desarrollo de la competencia en comunicación lingüística en una lengua extranjera. La enseñanza de un idioma no ha de centrarse exclusivamente en la adquisición de contenidos sino también ha de proporcionar al aprendiz los conocimientos y las capacidades que le permitan continuar dicho aprendizaje a lo largo de la vida. Así pues, en nuestro curso organizamos los contenidos en un currículo nocional-funcional y enfocado a lo comunicativo, que, además, estuviese contextualizado y que fuese significativo, a fin de dotarlo de funcionalidad fuera del aula.
Como base fundamental para lograr estos objetivos, nos planteamos que los contenidos debían de caracterizarse por su variedad, amplitud (para atender a la diversidad de niveles) y, sobre todo, por su significación. Esto es, la utilización de textos (hablados y escritos) de uso cotidiano, con una finalidad y un contexto específico y de muy diversa índole. A lo largo del curso hemos tratado de abarcar en todo momento textos de distintos géneros (periodístico, dialogado, narrativo, descriptivo y canciones, entre otros), a fin de que los y las asistentes tuviesen la oportunidad de tratar un amplio abanico de posibilidades. Sin embargo, esta diversidad no se ciñó exclusivamente a la tipología de textos, sino que se extendió también a los contenidos. Una de las características principales de toda lengua es que va indisolublemente asociada a una cultura y, al mismo tiempo, va asociada a también a unos usos sociales. Por ello, durante el curso procuramos en todo momento que los textos incluyesen los rasgos culturales y sociales propios de la cultura anglosajona. Por ejemplo, desde el mismo inicio de la actividad, hicimos especial énfasis en mostrar cómo éstos se reflejan en la lengua, de ahí que dedicásemos las primeras sesiones al estudio detallado de cómo presentarse, cómo saludar y cómo despedirse, prestando en las sesiones siguientes gran atención a las diferencias en el uso de la lengua en contextos formales y no formales. El estudio y, por consiguiente, el conocimiento de esta diferencia cultural y de la diversa tipología textual contribuyó a la adquisición de la competencia cultural y artística.
En combinación con la metodología comunicativa, utilizamos metodologías de aprendizaje por tareas y centradas en el alumnado, en el aprendizaje autónomo y a lo largo de la vida y en las TIC. El aprendizaje por tareas ayudó en gran manera a desarrollar la metodología comunicativa. Todas las actividades estuvieron basadas en tareas reales de comunicación, por lo quedaron contextualizadas y fueron significativas.
Esto proporcionó unos resultados muy satisfactorios en lo que respecta a la participación, la interacción y la motivación, pues los asistentes apreciaron que éstas tenían una finalidad comunicativa muy concreta. Dichas tareas estaban siempre relacionadas con la temática y situaciones de comunicación que se estaban abordando en ese momento y, sobre todo, tenían siempre un objetivo comunicativo específico, favoreciendo la funcionalidad de los aprendizajes.
Para llevar a cabo dichas tareas utilizamos estrategias de trabajo colaborativo, lo que contribuyó a la resolución de los problemas derivados de la diversidad de niveles existentes, favoreciendo la interacción entre ponente y asistente y entre los propios asistentes. Por ejemplo, procuramos realizar distintos tipos de agrupamientos, pequeños si las tareas eran de escasa dificultad y, si la dificultad era mayor, organizamos grupos de cinco o siete personas, intentando que todos pudiesen participar de forma activa, tomaran sus propias iniciativas y realizaran sus propuestas. Estas estrategias ayudaron al desarrollo de la competencia social y ciudadana mediante el fomento del trabajo cooperativo y la utilización del diálogo para conjugar los distintos puntos de vista y tomar resoluciones.
Asimismo, utilizamos metodologías que favoreciesen el aprendizaje autónomo y a lo largo de la vida. Entre ellas queremos destacar la utilización de la autoevaluación como herramienta de evaluación formativa. Se pasaron cuestionarios de autoevaluación tanto al inicio como al final del curso con el objetivo de que los asistentes reflexionaran tanto sobre sus conocimientos y capacidades iniciales como sobre las adquiridas a lo largo del mismo. El primero sirvió para que se implicaran desde el principio en su propio proceso de aprendizaje y asumiesen su parte de responsabilidad en el mismo, reflexionando sobre sus puntos débiles y sus puntos fuertes, estableciendo sus necesidades de aprendizaje. Esto facilitó el planteamiento de unos objetivos claros hacia los cuales dirigir sus esfuerzos. El segundo, les sirvió para reflexionar sobre lo aprendido, para, a partir de ahí, establecer nuevos objetivos y, además, como elemento de motivación para continuar dicho aprendizaje más allá del curso. Así pues, la autoevaluación sirvió para desarrollar la competencia para aprender a aprender, ya que el alumnado tuvo que asumir de forma activa su responsabilidad en el aprendizaje.
Finalmente, el uso de las TIC, además de apoyo a las explicaciones del ponente, por supuesto, se centró en su utilización como herramienta de aprendizaje de los asistentes tanto en el aula como fuera de ella. Dada la facilidad de acceso que tenemos hoy día a contenidos en lengua inglesa de todo tipo, gracias a Internet fundamentalmente, consideramos que su uso habría de centrarse principalmente en el trabajo individual de los asistentes en casa. Al final de cada sesión, se encargaron una serie de tareas que relacionadas con el uso de las TIC, principalmente referidas a la búsqueda de información en Internet. Como en el caso de los textos, todas las tareas estaban contextualizadas y eran significativas. Así, por ejemplo, tuvieron que hacer una compra de prendas de vestir en una tienda virtual de modas, enviar y responder a correos electrónicos al ponente o a otros asistentes al curso con información relacionada con su entorno familiar y laboral, etc. Como trabajo final, tuvieron que hacer una presentación sobre un país de habla inglesa en Power Point que tuvieron que exponer de forma oral en inglés al resto del grupo. Todo ello contribuyó a ampliar su competencia en el tratamiento de la información y competencia digital, ya que desarrollaron habilidades para utilizar distintos programas informáticos, navegar por Internet y buscar y transformar información.
En suma, como hemos podido comprobar, el aprendizaje de una lengua extranjera, con las metodologías adecuadas, puede favorecer el desarrollo de las Competencias Básicas integrando conocimientos, procedimientos y actitudes.

Carlos L. Salvadores Merino
Profesor del I.E.S. Luis de Camoens

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