Centro de Profesores  y Recursos de Ceuta

LA CONVIVENCIA ESCOLAR

Hoy en día, la convivencia en los centros educativos es una preocupación común a todos los miembros de la comunidad escolar. Es un tema que está presente en conversaciones, discusiones y en la prensa especializada, y es uno de los problemas más importantes que padece el sistema educativo en la actualidad. Por ello, aprender a convivir con los demás es una finalidad esencial de la educación, y es uno de los principales retos al cual se enfrenta el sistema educativo.


Una de las percepciones más extendidas entre el profesorado, hace referencia al progresivo aumento de las dificultades de convivencia en los centros educativos y, de forma especial, en los de Secundaria.


Las manifestaciones de la conflictividad en los centros escolares comprende un amplio abanico de situaciones como son, el acoso entre escolares, las agresiones a profesores y entre iguales, acciones que adoptan formas muy diversas que van desde la agresión psicológica más sutil hasta la física directa haciendo que muchos profesores se sientan quemados, víctimas de la desobediencia de los alumnos.


En los últimos años la conflictividad ha cobrado una mayor relevancia; han aumentado las dificultades para poder impartir las clases y llevar a cabo el proceso de enseñanza, hemos empezado a utilizar el término de disrupción en el aula; se trata de un fenómeno que incide directamente en el día a día del profesor, en su motivación, en el clima del aula y en las relaciones con sus alumnos. La disrupción es, pues, una manifestación de conductas que van contra la tarea educativa propiamente dicha, son estas conductas que muchas veces los profesores interpretan como indisciplina pero cuyo rasgo distintivo es precisamente ir dirigidas contra la tarea educativa que constituye el proceso de enseñanza-aprendizaje; estas conductas retardan el aprendizaje y hacen que éste resulte más difícil, inciden en el clima de clase y suelen entorpecer y enturbiar las relaciones en el aula, provocando conflictos interpersonales y repercutiendo en la relación entre profesores y alumnos.


El análisis de la convivencia y de la conflictividad en los centros debe de plantearse desde la complejidad. Se trata de un fenómeno de muchos matices y cuya simplificación (buscar una causa única o buscar las causas de los problemas en factores ajenos al centro) supone tratar el problema desde la superficialidad; los comportamientos y las conductas manifiestas serían la «punta del iceberg» pero por debajo de ésta se encuentran los valores que guían las conductas.
Entre los factores que se apuntan como responsables del deterioro de la convivencia, se encuentran los de carácter psicológico, los de carácter social y otros predominantemente educativos. La complejidad y variedad de estos factores exige intervenir en diversos ámbitos si se aspira a encontrar la respuesta educativa más adecuada a estas situaciones, siendo necesario huir de explicaciones simples que, lejos de solucionar el problema, contribuyen a agravarlo.


Los centros educativos son, a la vez, centros de aprendizaje y centros de convivencia o, dicho con otras palabras, los alumnos realizan en los centros un proceso de aprendizaje y, a la vez un proceso de convivencia, siendo muy difícil separar uno del otro: aprenden conocimientos, lengua, ciencias, la cultura en la que viven, pero a la vez aprenden a convivir, y gran parte de sus aprendizajes tienen lugar a través del grupo al que pertenecen.


Desde esta doble perspectiva de centros de aprendizaje y centros de convivencia son varios los ámbitos de mejora que es preciso abordar: el ámbito curricular qué se enseña y cómo, el ámbito de formación de los implicados; el ámbito de organización de estructuras que faciliten los procesos de participación real; y por último el ámbito del contexto que ayude a determinar el papel corresponsable del plano escolar, familiar y social.


Por tanto, la convivencia en positivo es fundamental para superar, en gran parte, todas las situaciones de conflictividad descritas anteriormente, entendiendo como tal aquella que se construye día a día, y que supone: eliminar el paradigma de dominio-sumisión sustituyéndolo por derechos y deberes, eliminar y deslegitimar todo tipo de violencia a la hora de afrontar situaciones, problemas y conflictos, promover la corresponsabilidad y favorecer los proceso de desarrollo y mejora personal.


La convivencia escolar es, pues, algo de todos, y, por ello, el Acuerdo Básico entre el Ministerio de Educación y Ciencia y las Organizaciones Sindicales sobre condiciones sociolaborales del profesorado, de 20 de octubre de 2005, estableció en su apartado 2 el compromiso del MEC de potenciar, entre otras, las actuaciones relacionadas con la convivencia y las estrategias de resolución de conflictos, acordándose establecer un Plan de Actuación para la Promoción y la Mejora de la Convivencia Escolar, en el marco competencial existente y de acuerdo con lo previsto en la LOE sobre los Planes de Convivencia como elementos básicos del Proyecto Educativo del Centro (Título V, art. 121). Este Plan de Actuación se concibió desde el diálogo y el consenso con las Comunidades Autónomas y la implicación de la comunidad educativa, incluyendo el compromiso de la creación del Observatorio Estatal de la Convivencia Escolar y de Prevención de Conflictos Escolares, programas de formación del profesorado destinados a favorecer la convivencia escolar, curso de formadores de formadores, celebración del Congreso Anual de Convivencia, apertura de la página web sobre Convivencia, convocatorias anuales de premios a las Buenas Prácticas y la revisión de la normativa de derechos y deberes del alumnado y de los reglamentos de organización y funcionamiento de los centros.